Más allá de las rutas turísticas, en la zona norte de Lanzarote, se encuentra el pintoresco pueblo de Máguez, una tranquila localidad rural situada a los pies del impresionante volcán de La Corona.

Allí se encuentra La Molina, una encantadora casa rural con más de un siglo de historia, construida a principios del siglo XX y cargada de autenticidad y tradición.

Reconocida por el “Cabildo” de Lanzarote como patrimonio histórico.

Restaurada con esmero, cariño y profundo respeto por la arquitectura tradicional canaria, La Molina conserva no solo su estructura original, sino también el antiguo motor del molino, que permanece como un auténtico testigo de su historia. Este fue uno de los primeros molinos motorizados de la región, utilizados específicamente para moler gofio, un alimento básico elaborado con millo, fundamental en la dieta tradicional de los guanches, los antiguos pobladores indígenas de las Islas Canarias. Estos molinos eran conocidos popularmente como “molinos de fuego”, ya que su motor debía arrancarse con un disparo. Cada rincón de La Molina evoca tiempos pasados, llenos de vida, historia y trabajo artesanal.
La casa rural está compuesta por una encantadora construcción principal: el molino, una edificación con historia, donde aún se conservan diversas y valiosas herramientas antiguas utilizentra “Goadas en tiempos pasados. Este singular espacio ha sido cuidadosamente transformado en un amplio y cómodo apartamento con un jardín privado ideal para el descanso. En la planta superior de la molina se encuentra Gofio un acogedor y luminoso apartamento que antes era el viejo granero, perfecto para parejas o viajeros en busca de tranquilidad. En la parte trasera del edificio se ubican “Trigo” y “Millo”, dos mini-apartamentos gemelos que antes eran el almacén de la molina completamente equipados. Frente a ellos hay una patio central con barbacoa y jacuzzi, un lugar ideal para disfrutar del entorno rural.

Toda la construcción se encuentra en los campos del norte, a solo 10 minutos en coche de las playas más cercanas. Es una región muy verde de la isla, que junto con el pueblo de Haría, se suele llamar “el Valle de las 1000 palmeras”. El paisaje está repleto de volcanes y campos de “picón”, donde se cultivan papas y millo. Es una zona perfecta para practicar y disfrutar del senderismo y el trekking en los miles de caminos naturales de Lanzarote. Además, se tiene la posibilidad de bajar a la playa, bañarse en sus aguas cristalinas, disfrutar de la buena comida en uno de los “chiringuitos” de Arrieta y regresar por la tarde para relajarse en el jacuzzi, acompañados de una buena copa de vino local y disfrutando de las vistas panorámicas de Máguez. Unas vacaciones perfectas para disfrutar de la paz y tranquilidad que ofrece esta isla mágica.